¿Por qué no hay un diccionario de españolismos?

Mira que no me disgusta para nada la existencia de la Real Academia Española (de la Lengua). Me resulta lógica y necesaria. Me gusta su rigor y además, veo plausible el esfuerzo que realiza por abarcar los distintos matices del castellano a lo largo de todos los países que tienen lengua en común. Iniciativas como el Diccionario Panahispánico de dudas lo reflejan. Lo que a veces no me resulta tan cómodo es que La Academia asuma el Castellano como patrimonio exclusivo de España y tienda a obviar que éste – si bien heredado – también forma parte del patrimonio cultural de los otros cuatrocientos millones de personas que lo hablamos.

Uno de los flecos que apalancan esa actitud, es el trato aparte que reciben los americanismos, como si fuesen desviaciones de un hipotético castellano estándar. Es como pensar que los españolismos no existieran o que, en todo caso, fuesen la norma.

Casi todas las Academias de la Lengua Española de los países latinoamericanos publican regularmente diccionarios con el aporte que los habitantes de distintos entornos culturales han realizado al idioma, y lo engloban dentro de esos “ismos” que hacen referencia a particularidades del Español, en sus países o regiones. Sin embargo, La Real Academia incluye en el Diccionario como voces del español general, muchas que sólo se conocen en España: autocar, autostop, competición, mechero, iceberg, hucha, piso, arcén, molar curro, etc.

Con lo que me encanta el español de España, un diccionario de españolismos sería para mí, además de interesante, útil. Hablar con la gente, ver la tele o leer los periódicos, no es suficiente para aprender a entender lo que otros me quieren decir y decirles con sus propias palabras lo que siento o pienso. Además, para los españoles, contar con una obra así podría llegar a representar una experiencia de reafirmación de unos de los valores que les hace iguales, en medio de su atractiva diversidad: El Español.

Que amanecí reivindicativo hoy.

¿Por qué los aeropuertos tienen Capillas?

Hace unos meses, visitaba por motivos de trabajo la nueva Terminal del Aeropuerto de Madrid Barajas. Es alta y ondulada, por lo que me recordó al tipo de las iglesias renacentistas, con sus cúpulas iluminadas y sus penitentes arbotantes. Mientras buscaba un cajero electrónico, topé de repente con una señal que indicaba la dirección de la Capilla del Aeropuerto, curioseado me acerqué. Mientras veía su austera decoración, me preguntaba por qué una construcción tan nueva y laica, incluía en su planificación una Capilla Católica. Para qué podría servir una Capilla, justo allí, donde precisamente la gente pasa y no se detiene.

Dándole vueltas, pensé que en todo caso quienes confesaran otras religiones, también deberían contar de un lugar para celebrar sus ritos, dado que, los aeropuertos son unos de esos pocos lugares donde, juntos pero no revueltos, pueden coincidir pacíficamente los fieles de todas las creencias.

La respuesta estaba a mi espalda. En efecto, había dos salas más habilitadas, una como mezquita y otra como sala interconfesional.

Aunque me resultaba equitativo, seguía sin enterarme porqué en un aeropuerto. Las argumentaciones por analogía me llevaban a pensar que también debería haber capillas en las estaciones de tren, en las de autobuses y, si a ver vamos, hasta en las gasolineras. Pero después de buscar un rato, di con la respuesta. Las Capillas Católicas, así como los templos religiosos en general, dentro de los aeropuertos no están pensados esencialmente para los pasajeros, sino para las tripulaciones y empleados de los aeropuertos. Y que curiosamente en el caso de la Iglesia Católica, – digo curiosamente más por ignorancia que otras cosa – existen unas Directivas de la Pastoral de la Aviación Civil, promulgadas por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. Entiendo que otras religiones también cuentan con iniciativas similares.

Me sorprendió encontrar documentos que regulen el uso de las Capillas. Por cierto ¿habrá alguno que regule el de los baños del aeropuerto? Hay tantos usuarios guarros, que debería estar expuestos a sanción.

La religión sigue y seguirá siendo el albergue en que los humanos necesitamos refugiarnos. Explicarnos a nosotros mismos sin una intervención divina que nos justifique es aún bastante complejo, que no está al alcance de todos. Pero daremos un gran paso, cuando para vivir nuestra religión, la de cada uno, no nos haga falta un templo, sino la cotidianidad de nuestras acciones.

Lo tengo decidido.

Anoche, al terminar el partido entre España y Francia, sentí un cosquilleo helado más o menos a la altura de quinta vértebra dorsal. De repente y no sé a cuenta de qué, se me vino a la cabeza que para cuando se celebre el próximo mundial de fútbol, es probable que cuente ya con la fortuna de ser padre, y me encuentre inmerso en el comienzo de ese eterno proceso de educar a otro ser humano, sin tener idea de cómo.

Los hijos, sobre todo si son hijas – más inteligentes por naturaleza – comienzan a hacerte preguntas, no por curiosidad, como dicen los psicólogos infantiles, sino simplemente por hacerte un pulso. No es que me sienta especialmente preparado para contestar a todas sus preguntas, pero digamos que para las más fáciles y comunes, creo que no tendré mucho problema. No es una actitud prepotente, no me mal interpreten, sino que pienso que precisamente por ser comunes (esas preguntas que vienen genéticamente establecidas desde la concepción) deben aparecer ya las respuestas perfectamente ilustradas en google, en algún foro para padres. Son éstas, por ejemplo: De dónde vienen los niños, por qué mi hermanita no tiene pene, por qué si Dios es bueno, deja que pasen cosas malas, qué es puta o por qué no puedo decir coño, y así.

Pero las que realmente me producen culillo(1), son esas preguntas trascendentales que uno mismo se ha hecho alguna vez en la vida y para las que no ha encontrado una respuesta satisfactoria. Así que lo tengo decidido: Cuando dentro de cuatro años, en plena euforia por el mundial sudafricano, mi hija o hijo me pregunte sin mirarme a la cara, capciosamente, con desinterés fingido mientras desenvuelve un caramelo: ¿por qué la selección de su país nunca ha ganado un Mundial? responderé con calma y circunspecto: No lo sé cariño, pregúntale a tu madre.

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(1) culillo.
(Del dim. de culo).
1. m. Am. Cen., Col., Ecuad., P. Rico y Ven. miedo (ǁ perturbación angustiosa del ánimo). Dar, entrar, tener culillo.
2. m. Nic. Inquietud, preocupación.
3. m. Cuba. Prisa, impaciencia.
4. m. R. Dom. rabia (ǁ ira, enojo).

En la fotografía, Iker Casillas, portero de la selección española, al final del partido en el que España pierde ante Francia. Tomada de www.20minutos.es bajo licencia Creative Commons.

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