Cuando lo vi me pareció un poquito caro: Viajes sólo ida a: Ecuador, tres mil quinientos euros, a Senegal, como para una aventura africana, dos mil euros, un paseo por la mítica China, seis mil setecientos euros. ¿No será como mucho? pensé. Bueno, si lo vez bien no, porque te permitían dos acompañantes… armados. Dos efectivos de la Unidad de Intervención Policial, los encargados acompañar a los ilegales sobre los que se ejecuta una orden de expulsión.
El año pasado fueron ejecutadas doce mil quinientas expulsiones de inmigrantes ilegales. Sólo una pequeña parte del total de órdenes de expulsión que los jueces expiden cada año. Y es que expulsar es caro, en muchos casos sobrepasa el costo incurrido por el propio inmigrante para entrar ilegalmente a España. De hecho, funciona como un mecanismo de protección de la ilegalidad.
Pero a mi lo que me deja de dos piezas, es algo que pone de manifiesto las ironías del mercado. Pongamos por ejemplo a un ecuatoriano, que no es precisamente de los casos más sangrantes. Esta persona cuando se propone emigrar a España, se endeuda hasta los tuétanos con prestamistas (en el mejor de los escenarios, porque muchos recurren a las mafias) que le facilitan hasta cuatro mil euros para su traslado y establecimiento inicial, que este endeudado eterno deberá pagar religiosamente dejándose el pellejo, antes siquiera de pensar en enviar la primera remesa de dinero a la familia que deja en su país. Si lo ven con detenimiento, es la versión individual, del gran drama macroeconómico del tercer mundo.
Lo paradójico del caso, es que con esa misma cantidad, que no es precisamente un microcrédito, un hombre (por decir algo, porque la mayoría son mujeres) con el empuje suficiente como para salir de su país dejándolo todo, podría, no sé, iniciar un negocio familiar de algo, o aventurarse con cultivos de alguna vaina (disculpen, es que no estoy muy riguroso hoy.)
Pero hay extremos cotidianos, donde el riesgo es peculiarmente caro. Y son los emigrantes que, a diferencia de la mayoría, no llegan por avión, sino en improvisadas balsas, llamadas pateras, que las mafias de tráfico de humanos gestionan cual agencias de viajes. He leído en alguna parte costos de hasta cinco mil dólares por viaje, que muchas veces terminan en la muerte y cuyo servicio de a bordo está compuesto principalmente de terror, hambre y humillación. Trágico y triste. Con esa misma cantidad, una familia media primermundiana se pasa unas vacaciones a todo lujo en Cancún.
De repente no estaría de más crear una figura de cooperación internacional, la cual contemple alguna cuenta contable, llamada Adelanto de Expulsión.
Eso.