Comida en Penuria

gallinaEste periodo excepcionalmente largo de bienestar y ausencia de penurias en Occidente no es lo habitual en la historia humana. Aunque muy dolorosas evidencias nos hagan pensar que de bienestar nada. 

La generación previa a la nuestra ha faltado a una responsabilidad básica de la especie: enseñarle a la prole cómo agenciarse comida, especialmente, en situaciones de penuria. Debido a la ausencia de desastres totales, como las guerras generalizadas, epidemias, o catástrofes  naturales, aunado a la industrialización del sector alimentario, la gran mayoría de los niños urbanitas, rara vez han visto, por ejemplo, cómo se obtiene la leche.

Así las cosas, estoy por que los niños del primer mundo sean expuestos a los rituales ancestrales de agenciarse comida. No solo hacer visitas a la granja-escuela para ver vacas y gallinas con monitores uniformados, sino también descubrir cómo se obtiene de ellos alimento. Como mínimo: aprender cómo se mata una gallina, cómo se desangra y se despluma. Lo mismo para un conejo, la especial importancia del golpe certero, y la forma del corte para despellejarlos con facilidad.

No creo que haya traumas, ya a bastante desgaje sangriento se exponen con cinco minutos en la consola. Todo es buscar la edad y echarles el cuento.

 

Cómo esculpir un error

"StateLibQld 1 100348" by Item is held by John Oxley Library, State Library of Queensland.. Licensed under Public Domain via CommonsLa educación como tema en nuestro país está al mismo nivel que las referencias al tiempo en las conversaciones de ascensor, incluyendo las posturas y los gestos de incomodidad de saberse invadido en tu espacio vital. Parece una tontería siquiera llevar el tema a la sobremesa de los domingos, como si la ausencia de preocupación fuese la prueba del algodón de la inexistencia de los problemas.

Infortunadamente, los españoles nunca hemos visto nuestra educación como un problema, de hecho, en el último barómetro de CIS no figura entre los tres principales problemas del país, ni siquiera entre los quince primeros. Nunca lo ha estado. En total, sólo un diez por ciento piensa que es el principal problema de la sociedad. Resalta especialmente lo que se descubre al cruzar estos datos con la condición socioeconómica de los encuestados: Sólo un 0.2% de los jubilados y pensionistas piensa que nuestro principal problema es la educación; entre los trabajadores domésticos no remunerados sólo el 1.1% piensa de forma similar; y de los obreros no cualificados, un escaso 1.1% lo cataloga como de gravedad. Entre los parados, sólo el 0.8% le da la máxima prioridad e incluso entre los propios estudiantes su importancia máxima no llega el 5%.

Dado que por estas fechas los candidatos a la presidencia del gobierno español se empeñan en obviar el tema con ilusión, mayoría y seriedad, optemos por hacer un ejercicio de previsión.

Hablar del sistema educativo se resume, casi siempre, en hablar de contenidos, usar la palabra reforma (que no pacto) y a prometer el mal menor. Sin embargo, pocos ven la trampa detrás de un modelo donde el cómo se enseña y aprende se ha quedado anclado a la promesa post bélica del Estado de Bienestar de los países de Occidente, cuando se veía el nivel de estudios como garantía de felicidad y tranquilidad social, algo por lo que valía la pena sufrir. En definitiva, sólo un modo por el cual ganarse la vida (¡vaya frase!, casi que merecerla) en lugar de un proceso para ser libres y disfrutar de la vida.

Así las cosas, si una sociedad quiere esculpir un error con propiedad, podría reforzar alguno de estos aspectos en su sistema educativo (en su origen, de instrucción pública):

  • Enseñe a los niños a leer, a escribir y a contar, pero no a expresar sus ideas.
  • Desperdicie los 10 primeros años de vida en mecánica repetitiva y  penalice la imaginación.
  • No trate de forma distinta a los niños según sus habilidades, en su lugar, estandarice los métodos.
  • Fomente escrupulosamente el miedo al riesgo, coarte la curiosidad y no los saque de su zona de confort. Haga que se avergüence del fracaso como un acto reflejo.
  • Priorice la memorización y desprecie el análisis. Mande deberes que dejen malos recuerdos de la infancia.
  • Llene las aulas de ordenadores, promueva el copiar y pegar en lugar del escuchar y tocar.
  • Fortalezca el miedo al ridículo, a demostrar ignorancia y sólo pregúntele lo que pueda encontrar en wikipedia.
  • Desprestigie la carrera del docente, especialmente de infantil, hágala pasar como una carrera de segunda categoría, el despojo de las profesiones y pague muy mal para que sólo lleguen los peores.

Finalmente, menee esto cada cuatro años y creo que ya estaría.

Nota relacionada:
Se equivoca señor Wert.

 

Fulía en Texas

imageHará unos doce años escribí una nota sobre los efectos que la nostalgia culinaria producía en el organismo Caribe. Pienso, como entonces, que es una condición paradójica, porque las culturas sin tradición migratoria, como la japonesa o la estadounidense no tendrían  problemas para quitarse un antojo en cualquier gran capital del mundo: siempre hay un McDonald en una esquina o un sushi a domicilio.

…la nostalgia sólo es posible ante la escasez.

Sin embargo, la expansión de estas costumbres gastronómicas no son producto de la iniciativa de vastas colonias migratorias, sino de la planificación empresarial. De hecho, la nostalgia a la que hacía referencia no es posible en estos ámbitos, porque la nostalgia sólo es posible ante la escasez.

Ahora, lo que años después resulta curioso es ver cómo la evolución de la situación política de un país convierte a un producto autóctono de exportación en un extraño deslocalizado. Es el caso de la Harina de Maíz Precocida más popular de Venezuela.

Para poner un ejemplo: Antes del año dos mil cuatro encontrar este producto en un supermercado español era excepcional. Me refiero al producto original fabricado en Venezuela. Sobre ese año, su presencia en los establecimientos fue en aumento a raíz del traslado de su fabricación para exportación a Colombia, principalmente por las trabas a las exportaciones impuestas  por el gobierno de entonces. Aunque pudo ser interpretada como un despropósito, los colombianos y venezolanos comparten gustos similares por este producto y ante la escacez total, era lo menos malo.

Lo que este año ha marcado un punto de inflexión es que cuando un inmigrante venezolano se coma una arepa o cualquier otro producto tradicional derivado de la masa del maíz, sólo estará aplacando la nostalgia con un placebo, porque lo que queda de original en la harina de maíz precocidad es su  llamativo y tradicional empaque amarillo. Ahora la base de la idiosincrasia culinaria venezolana se fabrica en Texas.

Es como si un jamón pata negra lo importásemos de China o un Jack Daniels lo destilásemos en Helsinki.

La vertiente emocional, la más importante cuando hablamos de nostalgia, es una sensación contrapuesta. No puedes celebrarlo pero tampoco puede prescindir de ello. Me recuerda mucho a la Fulía, un expresión musical autóctona venezolana de orden religiosa y que se interpreta en ocasiones muy solemes: Su ritmo cadencioso invita el baile, pero éste está prohibido por respeto a la Santa Cruz.